Me llamo Carlos Bejarano —aunque quizá me conozcas como Betolini77—, y esta página es mi rincón más personal. Aquí guardo imágenes que cuentan parte de mi vida, de mis viajes, de mi familia y de esos instantes que me hicieron detenerme para mirar más despacio.
Mis fotos son fragmentos de memoria, recuerdos que quiero dejar como legado. Porque la vida se compone de pequeños momentos, y para mí, la fotografía es una forma de conservarlos y compartirlos.
Espero que alguna de estas imágenes despierte en ti una emoción, un recuerdo, una sonrisa…
¡Bienvenido a mi espacio personal, donde comparto mi viaje a través del lente!
Mis Fotografías
Cada rincón tiene una historia esperando ser contada. Aquí, mis viajes y paisajes favoritos.
Atardecer en Zaragoza
Unos días de invierno por Zaragoza. Al caer la tarde, desde sus calles tener esto... es un
regalo.
Mañana en la sierra
Vacaciones en La Adrada, cerca de Madrid. Lugar tranquilo, buena gente y vistas que te
invitan a volver.
Valencia desde otra mirada
Paseo por la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Entre reflejos, simetría y una calma inesperada,
este rincón me regaló una imagen que aún me acompaña.
Silueta de un pez
Arquitectura vanguardista en Valencia: líneas y formas que evocan la silueta de un pez en la Ciudad de las Artes y las Ciencias.
Peñíscola al sol
Pasear por el paseo marítimo y ver el nombre de la ciudad con su castillo al fondo es como detenerse en una postal viva. El Mediterráneo y la historia se mezclan en una misma mirada.
Entre murallas y ficciones
Castillo de Peñíscola. Donde la historia real se cruza con leyendas y rodajes.
Caminar por aquí es como atravesar capítulos de siglos… y de series.
Juego de Tronos también pasó por aquí.
Casa Juanita
Casa Juanita, con sus balcones azules y paredes blancas, destaca entre las calles y muros de piedra en el corazón de Peñíscola.
Fachada plateresca en Sevilla
En una mañana de cielo limpio, la piedra dorada del Ayuntamiento de Sevilla se llena de luz y revela cada detalle de su fachada plateresca, como si la historia de la ciudad se quedara suspendida en silencio sobre la plaza vacía.
Camino a lo desconocido
Ussat, Francia. En ruta a la Grotte de la Petite Caougno, con familia y amigos.
Este momento fue especial: antes de entrar a la cueva, al mirar hacia arriba, la naturaleza imponía su silencio.
Una pausa para admirar antes de seguir explorando.
Atardecer en Callao
Plaza de Callao, Madrid. Una postal urbana sin gente, solo el sol asomando entre el cielo y el Edificio Capitol Schweppes, mientras el clásico letrero del metro se enmarca en primer plano.
Una escena tranquila en el corazón de la ciudad.
Miravet desde el río
Reflejos perfectos sobre el Ebro. Miravet, un pueblo que parece flotar entre el agua y la historia, con su castillo templario vigilando en lo alto.
Desde las alturas
Subir al castillo tiene su recompensa. Desde aquí, el Ebro se abre paso entre verdes y montañas, mostrando la belleza natural de la Ribera d’Ebre.
Tarde de calor, mar y familia
Aquel día no importaba el calor. Estábamos juntos, caminando por la orilla, hablando sin
prisa y dejando que el mar hiciera lo suyo. Una imagen sencilla, pero con recuerdos que
saben a verano en familia.
Patio cordobés bañado por el sol
Escalera blanca rodeada de plantas y macetas en un patio tradicional de Córdoba, con suelo empedrado y luz de mediodía.
Rincón con encanto en un patio cordobés
Detalle de un patio tradicional de Córdoba, donde la vegetación, la cerámica y la madera crean una atmósfera íntima y luminosa.
Atardecer sobre Duesos, Asturias
Luz suave del atardecer sobre una casa asturiana, con jardín verde y vistas al mar Cantábrico al fondo. Una escena tranquila captada desde Duesos.
Hórreo tradicional en Asturias
Hórreo de madera envejecida elevado sobre pegollos de piedra, rodeado de vegetación y casas de pueblo, símbolo de la arquitectura rural asturiana.
Salida de sol rural en Duesos
Casas de colores al pie de la montaña y vacas pastando en primer plano, bajo un cielo dorado al amanecer en Duesos, Asturias.
Río bajo el arco en Cangas de Onís
Vista del río encajado entre las rocas, enmarcado por el arco de un antiguo puente y los árboles desnudos del invierno en Cangas de Onís, Asturias.
Casa señorial en Cangas de Onís
Fachada de una casa señorial de color rojizo con detalles de piedra y una escultura en el jardín, en pleno casco urbano de Cangas de Onís, Asturias.
Los pequeños instantes y las personas que me rodean son mi mayor tesoro. Aquí, mi lado más cercano.
Km 0, comienzo de camino
Los cuatro pies sobre el Km 0 de Madrid marcan algo más que un punto en el suelo: es el inicio de un camino compartido, de recuerdos que empiezan en el corazón de la ciudad y nos llevan a cualquier parte.
Siluetas urbanas en Valencia
Retrato personal junto a las formas futuristas del Museo de las Ciencias. La escala de la arquitectura pone en perspectiva la experiencia humana: admirar, recorrer y sentirse parte de este espacio tan singular de la Ciudad de las Artes y las Ciencias.
Cádiz: sal y historia
Una mañana de recorrido por esta hermosa ciudad con vistas extraordinarias.
Reflejos en el Patio de los Arrayanes
Mientras mi mujer se detiene bajo el ala de su sombrero, el Patio de los Arrayanes se convierte en un espejo perfecto: la alberca multiplica arcos, luz y cielo, y por un momento parece que Granada respira en silencio al otro lado del agua.
Miravet en calma
Día turístico y caminata intensa. Al finalizar encontrar esto... uno dice: ¡Qué preciosidad!
Volcán imponente
Días preciosos en la Isla de Tenerife, recorriendo las arenas y piedras negras del Teide...
"Frente a mí, un sueño hecho realidad"
Luz de verano en la ciudad de valencia
Mi hija camina tranquila bajo el sol de verano, con su gorro rosa y la trenza reposando sobre el hombro, mientras la plaza bulle a su alrededor. En medio del ruido y el movimiento, ella se convierte en mi pequeño punto de calma.
Jardines de la Alhambra
Paseo entre jardines y sombras en la Alhambra, donde la historia y la luz se encuentran en cada rincón.
Blog
Córdoba: la belleza de los reencuentros
Córdoba 11/2024
Un viaje tan esperado, que se fue gestando con ilusión entre sueños y calendarios.
Por fin llegó el día, y arrancamos rumbo al sur con el coche lleno de ganas de descubrir, de respirar otros ritmos, de dejarnos impresionar por la historia y la belleza de Andalucía. En la foto quedamos nosotros —mi mujer, mi hija y mi sobrino— capturados tras una ventana enmarcada de verde, rodeados de plantas y color, pero los verdaderos protagonistas son también los momentos que no salen: las canciones a coro durante la carretera interminable, los juegos y risas compartidas, las cabezadas de los críos vencidos por el cansancio, mi mujer de copiloto, empeñada en que el viaje fuera tan seguro como divertido.
Cruzamos paisajes que parecían cuadros y fuimos entrando en Andalucía como quien cruza a un mundo distinto: ciudades blancas, patios repletos de vida, piedras cargadas de historia. Córdoba nos recibió con su magia silenciosa, sus flores, sus callejones que parecen abrazarte. Encontrar rincones como el de la imagen es encontrar refugios de calma dentro de la emoción del viaje.
Más allá de los lugares y los monumentos, este viaje fue para reencontrarnos unos con otros: desconectar de la rutina, reírnos de las pequeñas cosas y sentir que los lazos de amor y familia salían más fuertes y renovados. Cada fotografía que hicimos allí es ahora una puerta a nuestra memoria común: basta mirarla para recordar anécdotas, aromas, canciones, miradas.
El viaje terminó, pero a veces parece que nunca se fue del todo. Seguimos compartiendo las fotos, las historias, y siempre que vemos esta imagen, volvemos por un instante a aquel patio cordobés, a la luz de Andalucía, a la felicidad sencilla de estar juntos y sabernos afortunados.
Una mirada desde la montaña
Andorra 01/2024
A veces el paisaje más impresionante no está solo enfrente de nosotros, sino también en lo que sentimos mientras lo contemplamos.
Durante nuestro viaje por Andorra, el cielo parecía más azul, las montañas más cercanas y los bosques más inmensos; pero más allá de esos paisajes que intentan quedarse pegados al recuerdo, hubo un instante especial que lo cambió todo.
En uno de esos momentos mágicos, nos sentamos en un banco, rodeados de pinos y nieve, en absoluto silencio. No había palabras, solo miradas y una calma sencilla que nos envolvía. El mundo podía girar, pero allí el tiempo se detuvo y todo tenía sentido. Me sentí afortunado. Supe que ese instante se quedaría grabado para siempre, en mí y en ellos.
Al día siguiente, mi hija me enseñó esta foto que había tomado sin decir nada. Una imagen espontánea, discreta, que captura no solo el paisaje sino ese momento íntimo entre los dos, el abrazo silencioso del banco y el horizonte abierto delante. Desde entonces, esa foto se ha convertido en uno de esos recuerdos que abrazan, que llenan y que no necesitan más explicación. Cada vez que la miro, vuelvo a sentarme allí, a sentir la paz de estar juntos y a agradecer todos los viajes y rincones que compartimos.
Viajar es eso: coleccionar momentos que te llenan de verdad y de amor, y que siguen contigo mucho después de volver a casa.
“Mi legado está hecho de imágenes… y de momentos reales, dentro y fuera del visor.”